sábado, 15 de febrero de 2020

Día 1

Correr para no salir huyendo. Correr para no escapar de, sino hacia dónde. Hacia mí. Cada paso me aleja de mi mente, de los pensamientos desestructurados y la grieta se cierra, un poco. No corro para ganar, corro para sentirme mejor, no para ser mejor. Qué importante el matiz de las palabras.
Ya no hay una aplicación que me diga cuánto corro, a qué velocidad, cuántos otros tontos que se dicen a sí mismos que correr 5 kms en menos tiempo te hará mejor persona. Sentir esa ridiculez de medirse con el otro como si ese otro fuese uno mismo.
Acertar a no competir contra mí misma es lo complejo. No contar los minutos, desechar lo conseguido aquella vez que no me ahogaba corriendo (pero sí me ahogaba por dentro). Corre más, corre más rápido, no fracases, te ahogas, te ahogas, dolor.
Para.
Ni aun cuando recuperaba el aliento la sombra se hacía más corta. El camino era exactamente igual de largo que el suspiro que me afanaba en recuperar.  Y sí, el camino era eterno.
Pero ya no.
Porque hoy correr no fue competir, fue sonreír y descubrir que mi fragilidad es mi mayor fortaleza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario